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Galicia en guerra

01-nazisUn viaje planeado pero nunca emprendido desde A Coruña a Inglaterra pudo haber cambiado el rumbo de la historia, según revela la BBC en una investigación basada en documentos desclasificados del MI5. Desde esta ciudad pretendían llevar los nazis, tras secuestrarlo en Lisboa, al duque de Windsor —el rey Eduardo VIII, obligado a abdicar por casarse con la millonaria Wallis Simpson— para reponerlo en el trono, deponer a Churchill y pactar con Hitler. El agente británico que desbarató el plan, el hispanista sir Peter Russell, sucedería en una cátedra de Oxford al intelectual coruñés Salvador de Madariaga, cuya pertenencia al contraespionaje aliado fue un secreto a voces.

El 19 de enero de 1931 —en una Coruña efervescente por la inminencia de una segunda República que tendría relevantes dirigentes herculinos— una deslumbrante pareja desembarcaba de incógnito del Oropesa, un trasatlántico que hacía escala en A Coruña en su ruta a Argentina. Los elegantes pasajeros eran el duque de Windsor —que cinco años más tarde subiría al trono de Inglaterra con el nombre de Eduardo VIII— y su compañera sentimental, la norteamericana Wallis Simpson, por cuyo amor —según una leyenda ahora cuestionada por los documentos desclasificados por el servicio secreto británico— renunciaría a la corona británica.
Seguramente el futuro monarca inglés no sospechaba entonces que aquel muelle pudo haber sido la gran puerta de su vida, si los acontecimientos históricos hubieran sido otros. La BBC ha emitido recientemente un polémico documental que revela que A Coruña figuraba en el ojo del huracán del más ambicioso plan de inteligencia urdido por los nazis a principios de la II Guerra Mundial: la operación Willi. De haber salido adelante, el embarque coruñés nunca producido de Eduardo habría cambiado el rumbo de la historia. La investigación de los periodistas britá-nicos se basa en documentos desclasificados del MI5 y MI6 en los que figuran declaraciones hasta ahora secretas del ya fallecido falangista español y agente nazi Ángel Alcázar de Velasco —Viktor para el espionaje alemán— y de Walter Schellenberg, lugarteniente del jerarca de las SS Heinrich Himler. El complot urdido en 1940 por el espionaje alemán, en el que tuvieron un destacado protagonismo Nicolás Franco y Ramón Serrano Súñer, hermano y cuñado del dictador, pretendía secuestrar o fingir el secuestro del duque de Windsor en Lisboa para retenerlo en España y embarcarlo desde A Coruña hacia Inglaterra, donde sir Oswald Mosley —fundador en 1932 de la British Union of Fascists, que compartiría en los 50 residencia con los duques de Windsor en Francia— preparaba el terreno para una restauración de Eduardo VIII en el trono y la consiguiente deposición de Churchill al frente del Gobierno británico, que abriría las puertas a un armisticio con Hitler y evitaría una Batalla de Inglaterra que los nazis tenían serias dudas de ganar, como así fue. Los verdaderos padres del plan, según los investigadores británicos, eran la mujer del duque, Wallis Simpson, y su secreto amante, Joachim Ribbentrop, hombre de confianza de Hitler ejecutado tras los juicios de Nuremberg por crímenes de guerra. La operación Willi tiene otras misteriosas derivaciones herculinas que conducen al ilustre intelectual coruñés Salvador de Madariaga, cuya conexión con los servicios secretos aliados fue siempre un secreto a voces. Madariaga fue sustituido en su cátedra de Oxford por el hispanista sir Peter Russell, entonces agente del MI5, según revela la BBC, y el hombre que consiguió desbaratar el complot nazi-franquista.

02-nazisLos nazis buscaron el grial en Galicia. Otto Rahn —el cazador del grial, financiado por Himmler— estuvo en 1937 en A Coruña camuflado con asesores militares nazis. El jefe del Ahnenerbe creía que los mitos coruñeses de la Piedra del Destino y Prisciliano ocultaban piezas del rompecabezas del grial La historia que Steven Spielberg llevó al cine con el titulo de En busca del arca perdida —la búsqueda del grial por los nazis, que le suponían un enorme poder— y que supuso el exitoso nacimiento de la saga Indiana Jones, es real. Y pasa por Galicia. Especialmente por A Coruña. El misterioso episodio ha despertado últimamente una verdadera fiebre editorial en España. Hasta tres libros recrean en clave de ficción el fantástico affaire y uno de ellos aventura que el personaje central de la trama histórica, el investigador ocultista Otto Rahn, no se suicidó en 1939 en la montaña sagrada de los cátaros, Montsegur, como establece la versión oficial de las SS nazis —a las que perteneció, bajo la batuta personal de Himmler—, sino que vivió en España bajo un nombre falso y falleció en Vigo. Otros sostienen que murió en Madrid en 1975 o que fue asesinado por los sicarios de Himmler por su presunto origen judío. El dato más relevante sobre esta increíble historia nada tiene sin embargo de ficticio: un documento de la Orden Martinista, sociedad secreta esotérica fundada en el siglo XIX en París por el doctor Papus —coruñés afincado en Francia que fue médico del Zar en tiempos de Rasputín—, en la que también militó el propio Otto Rahn, revela que el cazador del grial estuvo en A Coruña en 1937. La noticia apareció en una web martinista cuando todos los focos del periodismo se centraban meses atrás en la extraña sociedad después de unas polémicas declaraciones en las que el historiador De la Cierva afirmó en una tertulia radiofónica que ocho ministros del gabinete de Zapatero eran masones y que uno de ellos, Bono, “pertenecía a la oscura Orden Martinista”. El propio Himmler visitaría el monasterio de Montserrat en 1940 ––al tiempo que Hitler se entrevistaba con Franco en Hendaya— por un informe sobre el Grial elaborado por el enigmático Otto Rahn. Existen multitud de especulaciones, a cual más fantástica, sobre las razones que impulsaban a los nazis a rastrear tan afanosamente la pista del grial. Muchos ocultistas se han inclinado por fabulosas explicaciones que adjudican al Cáliz de Cristo un poder sobrenatural, bien de origen místico o hasta extraterrestre. Esta es la versión que lógicamente eligió Spielberg para su exitosa En busca del arca perdida. Sin embargo, este delirio fantasioso encaja mal con la personalidad de Otto Rhan, un personaje sin duda iluminado, pero también rodeado de un aura de meticuloso investigador que aún hoy en día ejerce una enorme influencia no sólo en círculos esotéricos sino también masónicos. Actualmente, los estudiosos más serios de Rahn piensan que sus motivaciones eran más prosaicas y políticas que mágicas. Al parecer, lo que Otto Rahn buscaba en los años 30 es lo mismo que hace unos pocos años sirvió para que el escritor Dan Brown hiciera una fortuna con su código Da Vinci. El investigador alemán perseguía la pista de un supuesto linaje humano de Cristo —el fruto de sus relaciones con María Magdalena— que los cátaros habrían ocultado —ese sería el verdadero secreto del grial— y que estaría relacionado con una dinastía merovingia vinculada a Carlomagno, germen de la aristocracia europea. Himmler estaba convencido de que esa podría ser la primera piedra de un Sagrado Reich Europeo Ario tutelado por los nazis.

El desfile de la legión cóndor de Vigo. Poco más de tres meses antes de la invasión de Polonia por el ejército alemán, concretamente el 26 de mayo de 1939, la ciudad de Vigo asistía al espectacular desfile por su calles de seis mil soldados del III Reich, casi todos integrantes de la Legión Cóndor que había combatido en el bando franquista prestando servicios tan desagradables como el inmisericorde bombardeo de la villa de Guernica. La guerra civil española había finalizado oficialmente el 1 de abril, pero el propio alcalde, Suárez Llanos, llamaba a la participación de la ciudanía en tan magno acontecimiento de la siguiente manera: “Los vigueses, que tienen el honor de testimoniar por última vez la gratitud de España a la noble Nación Alemana, acudirán todos a despedirlos.Así lo espera vuestro alcalde”. Y así fue. Lo que desconocían los vecinos que habían acudido al evento es que la práctica totalidad de esos mismos soldados protagonizarían el 1 de septiembre de 1939 la ocupación del territorio polaco (pactada, por cierto, con Stalin) dando inicio al mayor conflicto bélico de la historia: la II Guerra Mundial.
ELa entrevista en Hendaya El 12 de febrero de 1941, avanzada ya la guerra, Franco y Hitler se entrevistaron en las dependencias de la estación de ferrocarril de Hendaya. De aquel encuentro se han extraído innumerables versiones y casi todas falsas o, cuando menos, no del todo verdaderas. Así, por ejemplo, no es cierto que España se declarase neutral en el conflicto bélico. Nada de eso: el nuevo gobierno español declaró sin ningún tipo de ambigüedad su clara alineación al lado de las tropas del Eje. Otro cantar es que contribuyese con tropas en la primera línea del frente: en realidad, ni Franco las tenía en condiciones ni a Hitler, tal y como estaban las cosas, le hacían falta ni le interesaba contar con la paupérima contribución del Ejército español. La constitución de la División Azul, en la que se alistaron numerosos gallegos y de la que tanto se ha hablado, tuvo más que ver con los deseos de los sectores más fanáticos de Falange Española que de la propia voluntad de Franco. ¿De qué se habló entonces en Hendaya? Pues resulta que curiosamente el protocolo secreto español de aquel pacto fue destruido tras la guerra pero no es aventurado sostener que de lo que allí se trató fue de la mejor manera con la que España podría colaborar a la victoria de los alemanes, esto es, en Hendaya seguramente se habló de minas, de submarinos y de espías. Y todos estos temas guardaban relación con Galicia.

ELa batalla del Wolframio. Convertido en un mineral de carácter estratégico en la época, Alemania carecía, no obstante, de minas de wolframio. Fue por ello por lo que Hitler consideró que el mejor modo con que España podría pagar a Alemania los servicios prestados durante la Guerra Civil sería autorizándole la explotación de este mineral, por aquel entonces muy abundante en ciertas zonas de Galicia. Para ello constituyeron una empresa denominada Estudios y Explotaciones Mineras Santa Tecla que, aunque con sede en Vigo, les autorizaba la extracción y comercialización de los yacimientos de este mineral en dos zonas fundamentales: las de Casaio y Carballo. Esto sucedía cuando aún no había concluído la guerra en España, pero una vez iniciado el conflicto bélico mundial el wolframio gallego tuvo para los alemanes una importancia decisiva: “Los alemanes necesitaban el wolframio gallego —escribe A. Regueifa en la Revista Cultural de Bergantiños— para endurecer los blindajes de su armamento, y sus enemigos tenían que evitar a toda costa que esto ocurriese así para poder dañar fácilmente sus Panzer”. La consecuencia fue que Galicia se llenó tanto de agentes alemanes dispuestos a conseguir material a buen precio como de agentes aliados dispuestos a evitarlo.

04-nazisLa guerra submarina. Estratégicamente situada, la costa gallega se erigió en un escenario más de la guerra mundial. Claro que de esto nos pudimos enterar años después, porque la prensa también sufrió los rigores de un franquismo que sólo de puertas afuera apelaba a la tan cacareada “neutralidad” mientras los submarinos alemanes llenaban sus depósitos en los puertos de Vigo y Ferrol. En su libro Galicia en guerra, el periodista Eduardo Rolland cuenta que, pese al silencio de la prensa, “en Vigo se sabía muy bien” que el puerto no era ni mucho menos neutral: “El Colegio Alemán, situado en la actual calle Pi i Margall, era un auténtico refugio nazi, que ocultaba militares, espías y algún tripulante herido de los submarinos en su tránsito por la ciudad”. La presencia de submarinos alemanes en aguas gallegas era, por supuesto, del conocimiento de la Armada aliada. Aunque existen varias versiones, se puede confirmar que al menos tres submarinos alemanes fueron hundidos muy cerca de la ría de Vigo. Asimismo, algunos barcos pesqueros gallegos resultaron afectados por lo bombardeos de la aviación británica y los ataques de sus patrulleras y buques de guerra.No es extraño que, sabiendo que no todos los españoles confraternizaban precisamente con la causa nazionalsocialista, los agentes aliados hiciesen circular por los puertos gallegos octavillas en las que puede leerse: ¡Pescadores españoles! No dificultad las operaciones que están llevando a cabo los ingleses. No comprometed vuestros barcos, arriesgando su pérdida y la de vuestras vidas. No salid a alta mar: permaneced en aguas costeras. Haciendo esto apresurareis el momento en que desaparezcan todas las restricciones y en que vuelva la época de paz y prosperidad. En espera de ese día, vuestros amigos ingleses os saludan.
Cabe aclarar que, evidentemente, algunos pesqueros gallegos sí que prestaron ayuda a submarinos alemanes tocados por los aliados.
EAgentes del servicio secreto británico. En Embassy y la Inteligencia de Mambrú (Velecío Editores), Patricia Martínez de Vicente da a conocer el heroico comportamiento de su padre, el vigués Eduardo Martínez Alonso, así como el de algunos gallegos más que durante la guerra mundial formaron parte de una red de espionaje (y, al tiempo, de fuga de perseguidos por los nazis) impulsada por los Servicios Secretos Británicos en España.
Eduardo Martínez Alonso era un médico vinculado a la embajada británica en Madrid que colaboró en la salvación de miles de judíos que, a través de España, cruzaban la frontera con Portugal para ser embarcados en buques con destino a América. Mientras aguardaban a que se desarrollasen las operaciones de salvamento, y tras un viaje por carretera digno de una película de Alfred Hichcock, los refugiados se cobijaban en una vivienda que Martínez tenía en Redondela. Desde allí, y con la ayuda de unos marineros de confianza, los huidos eran trasladados en una pequeña embarcación que enlazaba con los buques de salvamento a pocas millas de la ría.
ELas heroicas hermanas Touza . A igual que el vigués Eduardo Martínez Alonso, las hermanas Lola, Amparo y Julia Touza también participaron, desde Ribadavia, en la fuga de miles judíos.Las tres, con la colaboración de dos taxistas, José Rocha y Javier Míguez, y de un intérprete, Ricardo Pérez Parada, se encargaban de ocultar a los judíos y de llevarlos hasta la frontera con Portugal. Esta red de ayuda a la que pertenecían estas hermanas residentes en Ribadavia se iniciaba en Gerona, en la frontera con Francia, y en un primer tramo llegaba hasta Medina del Campo. Desde allí continuaba hasta Monforte y Ribadavia.
ELas Torres de Arneiro. Franco había concedido a Hitler la posibilidad de instalar varias bases de radionavegación que facilitasen el posicionamiento y seguimiento de los submarinos y aviones germanos en el golfo de Vizcaya. En Galicia, cómo no, se radicó una de aquellas bases. Las Torres de Arneiro (cuyas piezas fueron transportadas directamente desde Alemania) fueron montadas por un contingente de soldados alemanes en el concello de Cospeito, comarca de Terra Chá, al finalizar la Guerra Civil. Testigos mudos de la huella nazi en Galicia, recientemente se iniciaron los trabajos para su restauración.
ELos gallegos de La Nueve. Si muchos gallegos experimentaron en sus propias carnes las penurias de los campos de concentración, otros en cambio paladearon el sabor de la victoria aliada en primera línea. Tal es el caso de los soldados supervivientes de La Nueve, brigada perteneciente a la Segunda División Blindada de general Leclerc, a la que le cupo el honor de efectuar una entrada triunfal en las calles de la capital francesa el 24 de agosto de 1944. La Nueve estaba surtida de antiguos soldados que habían combatido en el bando republicano y que, tras haber logrado cruzar la frontera, se alistaron en el filas de la Resistencia francesa. El libro de Evelyn Mesquida, La Nueve. Los españoles que liberaron París cuenta la historia de estos españoles entre los cuales había varios gallegos, tales los casos de los coruñeses Víctor Lantes y Cariño López, cuyos testimonios recoge Mesquida. Tras la guerra mundial, Cariño López fue condecorado con la Cruz de Guerra con Palma y pasó a formar parte de la selecta guardia de corps del general De Gaulle, conocida como Los cosacos, que escoltó al que luego sería presidente de la Francia liberada en su desfile triunfal por los Campos Elíseos.

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