¿Y tú de qué vas?
Góticos, emos, skaters, bikers, graffiteros, raperos, heavys, lolitas, poperos… los hay para todos los gustos y todo tipo de tendencias. Unos ocultan su rostro tras un flequillo lacio. Otros llevan el pelo largo, se lo rapan o se ponen gorra. Cada una de las tribus urbanas tiene una estética distinta y una forma de actuar propia. La famosa foto de las hijas de Zapatero ha llevado a primer plano a uno de los clanes urbanos que más suena en la actualidad, el de los góticos, de vestimenta negra, surgidos con el post-punk de los 70 que hoy vuelven a la palestra. Pero son uno de los muchos movimientos que hay en Galicia, al igual que en otras zonas del país. A pie de calle hay góticos, emos, hippies, indies, raperos, rockers, heavys, lolitas o visual. La ropa los identifica aunque a veces los movimientos se influyen mutuamente y los límites se difuminan. La comentada foto los ha vuelto a poner en el candelero. Son miembros de las tribus urbanas —aunque a algunos les desagrada el término— que desfilan por las principales ciudades gallegas.
Góticos
Judith Iglesias, socióloga coruñesa de 32 años con afinidades “góticas”, escritora —ha publicado Las leyes del deseo con Aguilar— y televisiva tras su paso por la novena edición de Gran Hermano, explica, como profesional de la Sociología, la “necesidad de pertenencia a un grupo” del ser humano. “Es algo innato, como ser social que es. A través del grupo podemos desarrollar nuestra identidad así como adoptar un sistema de valores que a su vez se hallarían dentro de la sociedad en la que se encuentre el propio individuo. Con lo cual, no sólo los jóvenes se adscriben a grupos; en nuestra vida cotidiana todos estamos inmersos en diversas redes sociales y nos sentimos más afines a unos u otros colectivos. En el trabajo, en el mercado, en el vecindario, en nuestra red de amigos… incluso por internet formamos grupos”. Judith comparte gustos con el movimiento gótico, “pero también con otros” porque no le gusta clasificarse “ni crear un estereotipo”.
Suele ir con ropa oscura, aunque “no debemos caer en tópicos como el de que vamos de negro porque estamos siempre tristes o porque queremos dar una sensación tenebrosa. Muchas veces las razones de la indumentaria son personales e individuales, otras por pura imitación de la vestimenta de tus ídolos, Siouxie, Andrew Eldrich, Peter Murphy o Robert Smith”.
El hecho de que un grupo de personas participen de un mismo estilo en el vestir —opina esta socióloga— “puede generar lazos, si bien, uno no es más gótico por llevar más apliques que otro”. Sin embargo como si de un rito de iniciación se tratase, “entre los grupos existe un rango y una posición que inicialmente se va a valorar en función de demostrar cuánto sabes y de tu apariencia. Con el tiempo estas señas de identidad se van suavizando y se valoran otras que no están tan a la vista”.
Emos
Los motivos para formar parte de un colectivo pueden ser variados, aunque la adaptación —y más tarde la convicción— a una etapa vital es el punto de arranque de todos ellos. Hacia los doce o trece años muchos adolescentes ya apuntan maneras de hacia dónde dirigen sus preferencias estéticas y su estilo de vida y, aunque muchos se quedan en el camino, un número importante lo convierte en su seña de identidad.
Los tonos oscuros gustan también a los emos que, como otras tendencias urbanas, surgen como un estilo musical derivado del punk americano de los años ochenta. La palabra viene de emotional music, con letras de toque emocional y largos flequillos cubriendo un ojo. Si hay algún color extra, se mezcla casi siempre con el negro, ya sea mediante rayas, rombos o cuadros. La indumentaria suele basarse en pantalones y camisetas pequeñas, con complementos como tatuajes de estrellas, pulseras de colores y zapatillas de marca, normalmente Vans, Converse o Tiger. Inconformistas y con tendencia al pesimismo, dicen estar contra las modas, a pesar de que ellos mismos siguen su estilo.
Lolitas
En este cuadro de tribus urbanas aparecen muchas otras categorías, como las lolitas que reinterpretan los siglos XVIII y XIX, el rococó y la era victoriana. “Compartimos los gustos de aquella época como pueden ser el arte, la moda, la música y los buenos modales —explica la lolita Cristina Vázquez—. Estéticamente se nos suele identificar claramente ya que imitamos las siluetas rococó, con su exageración y teatralidad y las victorianas, con su elegancia y sobriedad, y nos apropiamos de algunos elementos característicos como el uso de ropa interior de la época, parasoles y vestidos de alta calidad”.
Cristina pertenece al tipo de sweet lolita. “Nos caracterizamos por el uso de elementos más infantiles y los colores de nuestros vestidos son más claros. Suelen confundirnos con muñecas de porcelana y no nos gusta que nos asocien con la cultura manga, ya que aunque provenga del mismo país de origen no nos influencia para nada”, explica esta joven estudiante de 25 años que ha encontrado en el vestuario “la mejor forma de expresarme y de ser yo misma”.
Visual Kei
Del país nipón, al igual que el estilo Lolita, llega el Visual Kei, tal como explica la veinteañera Ainara. La tendencia “surgió como una respuesta o crítica a la sociedad japonesa moderna donde la persona debe seguir el modelo impuesto. El Visual Kei opta por el individualismo, la libertad personal y la aceptación y respeto a la diversidad ya que para este estilo lo más importante es la persona como tal. Esta moda surgió entre finales de los 80 y principios de los 90 en Japón y mezcla rasgos del glam y del punk, siempre tratando de innovar con nuevas combinaciones. Además, la estética visual es muy andrógina —este es uno de sus rasgos principales—, así que no es raro encontrarse con un chico vestido con falda y ligueros”, dice.
Los looks visual varían tanto como los propios movimientos que se agitan dentro de esa atmósfera cultural procedente del país del sol naciente. Del Oshare Kei al Kote-Kote Kei —pasando por otros estilos—, maquillajes y vestimentas rivalizan en coloridos, cueros, ligueros y corsés. Desde que con 13 años Ainara fuera a un concierto de Deep Purple cambió su manera de vestir. “Adopté una forma más rockera, más heavy; empecé a utilizar pantalones y cazadoras de cuero, camisetas con cadenas y botas”. Sus preferencias estéticas han ido cambiando con la edad y, aunque ella es visual, considera que cada uno puede ser de la tribu urbana que más le convenza. Tengo amigos que pertenecen a otras tendencias (góticos, heavys, skaters, punks) y son personas geniales. El único estilo que no comprendo es el emo, y odio que digan que el Visual Kei es lo mismo, porque no tienen nada que ver”.
La afición a la cultura japonesa avanza imparable en los últimos años en Galicia, donde han proliferado, sobre todo en A Coruña y Vigo, las asociaciones integradas por jóvenes y centradas en la cultura nipona, especialmente, en el manga y el anime.
Hip hop y graffiti
Indumentaria, actitud y discurso del grupo provienen muchas veces de la música. Y cada voz quiere ser diferente a todas las voces. A Sax Rodríguez —Silvia en su vida cotidiana—, una de las pocas graffiteras gallegas, el hip hop le ha llenado como cultura a lo largo de su vida. Escogió el graffiti como elemento de este movimiento artístico y social. “Siempre me había gustado pintar, desde pequeña ya dibujaba muñecas y como vi que en este mundo —de graffiteros— sólo eran chicos, pensé que por qué una chica no podía hacer lo mismo”.
Pionera en Galicia con el spray urbano, en la actualidad, con casi treinta años, sigue pintando cuando tiene tiempo libre, “viajando y conociendo gente del graffiti y perfeccionando mi estilo”. A día de hoy Sax es una treintañera que viste “normal”, no se considera de ninguna “tribu” y tiene claro que la estética y la indumentaria va cambiando con la edad.
Del rapeo y del movimiento emergente del hip hop en los años 90 proviene también Jorge Céspedes, más conocido en el mundillo como El Puto Coke, el máximo exponente del rap en Galicia. Músico y compositor de 30 años, lleva casi dos décadas en el panorama artístico. Para Coke el hip hop “es libertad, que el mensaje sea positivo o negativo depende de cada individuo”. Además “ha madurado con sus seguidores y se ha introducido en todas las clases sociales. Barack Obama, por ejemplo, escucha a Beasti Boys o Kaney West, hay de todo y para todos los gustos”.
El artista, hoy treintañero como la graffitera Sax, ha ido cambiando con el tiempo su forma de vestir. “De adolescente era bastante atrevido, he llevado todo tipo de peinados y complementos, de crío hasta me llegué a poner los pantalones del revés como el grupo Kriss Kross para ir por la calle. Lógicamente con los años me volví más elegante, selecciono mejor lo que me pongo, y tengo la suerte de contar con un buen sponsor, ya que el precio de la ropa rapera no es tontería, y menos si eres, como digo yo, selecto”. Y apunta Coke que son los rapers los que sí saben, y mucho, de moda y tendencias. “Nosotros llevábamos Tommy Hilfiguer antes de que los pijos supieran qué era eso y hoy, en cierto modo, sigue pasando, el que está al día de las últimas tendencias sabe que detrás de varias de las marcas más chic están nombres del panorama hip hop”.
Skaters
De la calle como punto de encuentro y con el monopatín como símbolo son los skaters, importados de Estados Unidos a principios de los ochenta. Su indumentaria, aunque cambiante, responde a las necesidades de manejar las cuatro ruedas que siempre les acompañan: pantalones anchos y camisetas grandes. Aunque los patrones estéticos de antes ya han ido mudando, como explica el skater Samuel Vila. “La nueva moda son pantalones mucho más apretados e incluso pitillos y están volviendo otra vez las zapatillas bajas que imitan los viejos modelos de antaño”.
Patinar y pasarlo bien, tanto solos como acompañados. Eso es lo que opina Samuel e igualmente Alejandro, un skater que practica el monopatín “por pura diversión” y con ropa cómoda porque “esto no es una pasarela de la moda”. Se consideran fuera de cualquier tribu urbana, lo que les gusta es el deporte y les da igual ver “a un gótico, a un heavy, o a quien sea”. “Cada cual a su rollo, ¿no?”, concluye Alex. “No se puede juzgar a nadie por su aspecto”, rubrica Samuel, “porque cuando conoces a la gente te llevas sorpresas”.


