Suplementos de La Opinión A Coruña

Los mejores reportajes de los suplementos de tu Periodico Favorito

Cristianos y musulmanes, juntos pero no revueltos

Patio de columnas de la mezquita de Córdoba | La Opinión

La pasada Semana Santa, un total 118 turistas austriacos de credo musulmán protagonizaron un sonoro incidente en la mezquita catedral de Córdoba, tras intentar rezar ante el mirhab del templo. Los guardas de seguridad de este edificio religioso echaron con cajas destempladas a los musulmanes, y alguno de ellos fue detenido por la policía ante su actitud violenta. Uno llevaba incluso una navaja. No es la primera vez que se produce un incidente en este templo, que inicialmente fue una basílica cristiana, posiblemente arriana, para luego convertirse en mezquita tras la invasión musulmana y posteriormente en catedral, con la capilla levantada en el corazón del templo durante el reinado de Carlos V.
El filósofo asturiano Gustavo Bueno refiere un incidente ocurrido hace tres años, cuando un grupo de magrebíes intentó acceder a la mezquita sin el correspondiente tique, mientras gritaban: “¡Esto es nuestro!”. En los últimos días se ha planteado un debate en torno a la posibilidad de que los dos cultos, el católico y el musulmán, pudiesen compartir el templo, una vía que vienen reclamando en los últimos años los musulmanes radicados en España. ¿Es posible que la cruz y la media luna convivan bajo el mismo techo? ¿Rezan estos creyentes al mismo Dios? ¿Es posible llegar al llamado “diálogo de la espiritualidad”, una de las fases del diálogo interreligioso, que permitiría a los fieles de ambos cultos arrodillarse a rezar juntos, una vez superadas las incomprensiones teológicas, las divergencias de valores y las dificultades de convivencia?
No parece que ese momento esté muy cercano. “El incidente de la mezquita de Córdoba es un hecho aislado de un grupo radicalizado de personas y que no tiene nada que ver con el diálogo interreligioso ni con la oración interreligiosa o multirreligiosa. Es algo excéntrico y las cosas no se deben llevar así. Y digo esto porque, o paralelamente, o previamente a una oración interreligiosa entre cristianos y musulmanes, tiene que haber una reflexión cultural, religiosa y teológica. Y si no la hay, ocurren estos enfrentamientos y ese intento de imponerse. Ése no es el camino, ni mucho menos”, asegura José Antonio García Santaclara, sacerdote diocesano y presidente de la Fundación Siloé, miembro del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe.
García Santaclara rememora las contadas ocasiones en las que pudo darse un rezo interreligioso. Ocurrió en la propia mezquita catedral de Córdoba en el año 1974. “Rezaron cristianos y musulmanes con motivo de un congreso islámico cristiano, cosa que no se hacía desde el año 1236. En aquella ocasión, los dos o tres días que duró el congreso, hicieron oración cristianos y musulmanes juntos y posiblemente aquello no se repitió ya más”. También ocurrió en Argelia, tras unos hechos terribles. “En Tibhirine, donde hace años hubo una matanza de monjes trapenses a manos de unos  terroristas, hubo un grupo de oración de musulmanes y cristianos. Pero es importante matizar: una cosa es juntarse para rezar y otra cosa rezar juntos. Juntarse para rezar es muy conveniente, pero no es lo mismo que rezar juntos, porque esto requiere una preparación, un acuerdo más profundo”, dice.
En Asís (Italia), invitados por el papa Juan Pablo II, se juntaron para rezar creyentes de todos los credos, “pero no rezaron juntos, para no dar la sensación de sincretismo o relativismo”, añade García Santaclara. El sacerdote opina que “rezar juntos puede ser conflictivo o poco eficaz, y, aparte, no es fácil”. En congresos de mística en Ávila ha rezado con budistas y musulmanes. Cada día, la oración correspondía a uno de los credos, y los creyentes del resto asistían con respeto. “Es muy importante para la madurez de la Humanidad que tendamos a juntarnos para rezar, pero respecto al Islam es bastante más complicado porque entre muchos creyentes católicos notas que hay un miedo visceral al Islam, un miedo que es infundado y que responde a un desconocimiento”, afirma el religioso.
Manuel Ángel Acebal Montes, canónigo y profesor de Historia de las Religiones en el Seminario de Oviedo, cree que “una cosa es que se reúnan diferentes confesiones para rezar juntas, y otra muy distinta compartir un mismo centro”. Esta posibilidad “origina problemas”. Y es que, por un lado, “los musulmanes son iconoclastas y no tienen un culto que admita los sacrificios”. El cristianismo, en cambio, “acepta las imágenes como apoyo a la experiencia religiosa, y celebra la eucaristía, que es sacrificial”. Los cristianos, además, ofrecen oraciones a través de Cristo Jesús, que para los musulmanes no es más que un profeta. “Lo que espero es que el incidente de la mezquita catedral haya sido sólo una anécdota desgraciada, y que no impida el diálogo interreligioso”, añade.
Ese diálogo, señala, tiene diferentes fases. Parte del diálogo de la vida, que se produce en el ámbito de la vecindad, en el trabajo, y que “ayuda a quitar reticencias y recelos”. Luego está el diálogo de los valores. Posteriormente se entraría en el diálogo teológico, aquel que busca la comprensión de la religión del otro. Y finalmente se culminaría con el diálogo de la espiritualidad, donde los creyentes podrían ya rezar juntos.
“Pasar al último escalón, avasallando y exigiendo, sin haber recorrido los pasos anteriores, no es de recibo”, opina Acebal, quien concede que también hay un Islam tolerante respetuoso.
Gustavo Bueno, por su parte, afina en las diferencias que hacen imposible la convivencia entre musulmanes y cristianos. “La razón fundamental es que los musulmanes consideran blasfemo el cristianismo por decir que Cristo es hijo de Dios. Tampoco pueden tragar la trinidad, que consideran una prueba de politeísmo. Con estas premisas, es difícil llegar a un sincretismo. Para rezar juntos, ambos estarían obligados a abandonar dogmas más sagrados”, indica el filósofo. Cristianos y musulmanes tienen distintos conceptos de templo. Para los primeros, se trata de la casa de Dios. Para los musulmanes, la mezquita es “el lugar donde se reúnen los fieles y rezan a un Dios puro, filosófico, que diría Pascal”. Se trata, pues, de una oposición frontal, “irreductible”.
La filósofa  Amelia Valcárcel expresaba hace pocos días su escasa convicción de que haya alguna vez lo que ella llamó, no sin sorna, espacios religiosos polivalentes. “De las religiones, se dice, las funda Dios, pero las carga el diablo. Cada una en su templo y Dios en el de todos. Los templos ajenos se pueden visitar, con debido respeto y decoro, que varía bastante. Y punto final”, escribió. Para Valcárcel, pueden ser deseables acuerdos para compartir espacios religiosos, pero “exigirán siempre negociaciones parsimoniosas”.
Pero hay una vía de acercamiento. El jesuita  Enrique Figaredo Alvargonzález, prefecto apostólico de Battambang (Camboya), ha tendido puentes con los budistas. “Estamos en explotación, aprendiendo a dialogar y a rezar juntos. Resulta relativamente sencillo trabajar juntos en proyectos sociales, compartir ideas sobre la paz y la justicia, en todo esto tenemos muchos puntos en común. Los temas sociales nos unen mucho, pero rezar juntos es complicado, más difícil. Pero hay vías de encuentro”, estima.

Dioses en la mezquita

No sabemos qué habría hecho Jesucristo: si expulsarlos como hizo con los mercaderes del templo, acogerlos como hermanos o requisarles los cuchillos. Ciento diez turistas procedentes de Austria aunque de diversas nacionalidades, de credo islámico todos, irrumpieron el Miércoles Santo en la mezquita catedral de Córdoba. Organizados, provistos con walkie-talkies, en la era de los móviles, se organizaron por los recovecos, las columnas, la Quibla, la Mansura y la centralidad del templo y comenzaron a rezarle a Alá. La seguridad privada del recinto los conminó a marcharse y les recordó que el culto musulmán está prohibido allí. Se produjeron enfrentamientos, salieron cuchillos, luz de navajas en lugar sagrado, y dos personas resultaron heridas. Intervino la Policía. Hubo dos detenidos, puestos ya en libertad con cargos. Curiosos cargos: además de las supuestas agresiones y tenencias de armas se les acusa de “delito contra el sentimiento religioso”. ¡Dios mío! Con perdón. Es la primera vez que uno oye semejante delito, pero a partir de ahora procurará invocarlo más. También contra el que arremeta contra el ateísmo. Está claro que la invasión, esta suerte de reconquista de Al Andalus en cutre, era una provocación, si no en toda regla, sí en todo mandamiento. Cuando los turistas irrumpieron, se estaba realizando un culto relacionado con la Semana Santa. Sin ánimo de provocar, pero sí de evocar, no queremos ni imaginar —bueno, sí, queremos— cómo hubiera sido la cuestión al contrario: una panda de cristianos armando jaleo e interrumpiendo rezos en importante lugar sagrado musulmán. En Irán o Arabia Saudí, por ejemplo. Claro que, poco amantes de los dogmas, incluso de los religiosos, uno tampoco termina de ver muy claro por qué en un monumento, mezquita en origen y patrimonio cultural de la Humanidad (que por ahora incluye a cristianos, musulmanes, judíos, animistas, barcelonistas y madridistas) se permite rezar al Dios de los cristianos y no al que la mayoría de nuestros hermanos árabes tienen como tal. A lo mejor el Obispado de Córdoba, que ha protestado enérgicamente, tiene como lema vital, literalmente, aquello de cada uno en su casa y Dios en la de todos. Lo dijo Lucano mejor: “Los hombres temen a los mismos dioses que ellos han creado”. A unos más que otros, habría que añadir.

José María de Loma

Etiquetas: , , , ,

1 Comentario

  1. todo lo que esta panda de descerebrados esta haciendo es para provocar, por que coño van a rezar en las mismas fiestas de semana santa? hay una cosa que los musulmanes tienen que tener claro “españa es cristiana no musulmana” y si fue alguna vez de ellos fue porque se apropiaron de lo que no era suyo pero de aquí suyo no hay nada de nada.

Escribe una respuesta