Las otras ‘estrellas’ del festival de Cans
Los vecinos de la parroquia porriñense vuelven a sus tareas cotidianas tras cuatro intensos días de ‘agroglamour’

Todos los vecinos que hacen posible el festival l Ricardo Grobas
El festival de cine de Cans cerró su octava edición hace unos días y la normalidad se va apoderando de esta parroquia de O Porriño de poco más de cuatrocientos habitantes. Algunos chimpines, como el de Pepe Puime, estaban hasta hace poco aún adornados con flores y carteles del certamen, pero han dejado de ser vehículo oficial para centrarse en tareas más propias del rural. El Jalpón friki vuelve a ser el local donde Alicia guarda la leña y la paja; el bajo del bar Moncho ya no es la sala de proyecciones más visitada y vuelve a sus funciones de bodega; el Torreiro das Estrelas es de nuevo el atrio de la iglesia y espacio de reunión vecinal, y el rock deja paso a las gallinas en el Jaliñeiro Unplugged.
El bar de Moncho va recuperando el ritmo de vida habitual tras el ajetreo de los cuatro días de festival en los que miles de personas acudieron a Cans. En la puerta, Pepe Puime enciende un pitillo y recuerda con orgullo que fue el primer “chimpín de plata” del festival. Pepe trabajó en una empresa de forjados y ahora está jubilado… “jubilado y viudo, por desgracia; solo estuve casado un año menos un día…”. Ahora pasa el día en el bar, conversando con unos y con otros o jugando una partida. Durante el festival colabora en todo lo que puede, “aunque sea de barrendero”. “Si lo hago es por los vecinos, pero hay que reconocer que los actores que vienen son gente muy educada”.
Acompañados de Pepe Puime visitamos a Manuel Cid, que vive frente a la escultura del perro más famoso de Galicia y se encarga de que no le suceda nada. El guardián do can es en realidad un empresario de 62 años que tiene una flota de camiones frigoríficos y que ya piensa en la jubilación para dejar el negocio a los hijos. Manuel es natural de Atios, pero “me casé en Cans y aquí compré una casa hace años”. Una casa que durante el festival comparte con los invitados, que disfrutan de la compañía de Cid y su familia. Su mujer, Chelo, relata cómo el actor Luis Zahera “se acopló a nuestro cocido y al día siguiente disfrutó comiendo unos zancos de gallina”. También estuvieron en la casa Carlos Núñez o el Gran Wyoming.
En el recorrido por Cans después del festival nos acompañan Fin Campos y Yago Balgera. Ambos están en el paro y aprovechan la jornada para recoger parte del material utilizado durante las jornadas festivas. Fin, que trabajó en el naval, destaca la colaboración que prestan todos los vecinos para hacer realidad el festival que dirige Alfonso Pato, un certamen famoso ya en toda España por su agroglamour. El interés por el festival ha traspasado además las fronteras, y en esta edición estuvo en la parroquia porriñesa “un corresponsal de la BBC que ha grabado un reportaje para emitir en Escocia”, comenta María Jesús Sánchez, que le dio alojamiento en su casa.
En el entorno de la iglesia se dan cita algunos de los vecinos que hacen posible el festival de cortos que va ya por su octava edición. A sus 83 años, Alicia Sánchez ya no está para cuidar animales como hacía antes con las ovejas o las gallinas y pasa la mayor parte del tiempo en su casa, famosa en el Festival de Cans por acoger dos de los espacios más conocidos: el Jalpón friki y la finca donde se celebra el Coloquio na leira entre creadores audiovisuales y cinéfilos.

Pepe Puime en su ‘chimpín’ l Ricardo Grobas
Personas mayores pero también niños, como las hermanas Uxía y Carla Álvarez o los también hermanos Xacobe y Susi Carballo, que nos muestran las estrellas de actores y directores famosos que lucen en el Torreiro. Durante las jornadas del festival, Uxía y Carla —de 13 y 10 años— hacen de guías para orientar a los visitantes, pero tras ese paréntesis vuelven a centrarse en los estudios. Ninguna de ellas quiere ser actriz; Uxía todavía no sabe muy bien qué será de mayor, mientras que Carla dice que le gustaría ser veterinaria. “¿Que si pido autógrafos a los famosos? El año pasado sí que conseguí alguno, pero esta vez estuve tan ocupada como guía que no tuve ni tiempo para pedirlos”, comenta la mayor de las hermanas Álvarez.
Son algunos de los vecinos de Cans que hacen posible el festival. Pero también habría que citar a otros como Juan Maceira, carpintero jubilado; Divina, que fue miembro del jurado de los vecinos y ha hecho críticas de cine en TVG; Mucha, que dejó su casa para el coloquio con Manuel Rivas, o Juan Sánchez, uno de los más cinematográficos, pues hizo de extra en la película Salomón y la Reina de Saba.
Y es que Cans es, sin duda, un pueblo de cine.


