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Una discreta biografía

Vargas Llosa, el aprendizaje de la escritura y el proceso de creación de un libro

Mario Vargas Llosa | Rodolfo Angulo

Allá por el año 1997, un editor avispado imaginó una colección de libros en la que grandes autores explicasen cómo escribieron sus libros o, más bien, cómo se escribe. Es decir, algo así como si se les pidiese a los grandes magos que explicasen los trucos de sus números o, más bien, cómo se crea la magia. Contar el proceso de creación de un libro o explicar el ilusionista que la mano izquierda esconde lo que hace la derecha resultan empresas fáciles. Contar cómo surge el prodigio al escribir o cómo nos mantiene con la boca abierta el conejo que sale de las chistera resulta imposible. Por ello el Nobel Vargas Llosa se apresura a sentenciar en el prólogo para la reedición de este su libro que “los verdaderos escritores aprenden por sí mismos” y que, en realidad, de lo que se trata es de “un ensayo sobre la manera como nacen y se escriben las novelas”: una discreta biografía lo llama. Aquella iniciativa quedó en nada más que en este libro de VLl, cumplidor donde los haya, y su vuelta al mercado ahora debe aplaudirse, reseñarse y llenarnos de gozo, pues nos permite ganar mucho tiempo a quienes, por gajes de este oficio de crítico, se nos pregunta con harta frecuencia cómo se debe escribir una novela, a la vez que nos faculta también a quienes, por gajes del oficio de jurado en premios literarios, nos vemos obligados a leer tantos y tantos abominables engendros de la mente humana para dirigir a los sedicentes autores una breve nota donde dijera: “Deje usted de escribir de inmediato y no vuelva a hacerlo hasta que haya leído las Cartas a un joven novelista y pase un examen sobre ellas”.
Porque a través de ejemplos y ejemplos tomados de la mejor literatura narrativa, mediante una bibliografía (págs. 137-138) de autores indispensables para andar por los caminos de la novela, VLl nos cuenta qué son y en qué consisten las herramientas básicas que es imprescindible aprender a manejar. Cómo se elige la mejor voz narrativa posible, cómo se delimitan el espacio y el tiempo de la historia: lo decisivo, quiero decir. Qué son “las mudas”, esas alteraciones  del punto de vista que, bien hechas, producen un salto cualitativo admirable en la lectura. Cómo se construyen “las cajas chinas”, las historias que llevan dentro otra historia que también contiene una tercera… Qué efectos produce narrar con “el dato escondido”, ese modo de escribir por omisión, ocultando, por ejemplo, las razones por las que un par de malos llegan a un pueblo a matar a un hombre. Cómo deben funcionar “los vasos comunicantes” o, lo que es lo mismo, cómo dos historias aparentemente disímiles han de dejar que fluya entre ellas un líquido narrativo común para enriquecerlas mutuamente. En fin, todas aquellas herramientas del oficio de escribir que el propio VLl puso en práctica de manera excelente. Con ellas, con una vida rica, con talento natural, con perseverancia, con denuedo, con trabajo, con la necesaria autocrítica, con mucho tachar y más romper, con lecturas constantes, con una formación artística potente y una cultura más que general ya está uno encaminado a la gloria literaria o, al menos, a ser un escritor potable.
Para poner en práctica lo aprendido en VLl, aconsejo la lectura de Los cuentos de Ramiro Pinilla, aunque no de todos: basten los de la segunda parte del libro o baste incluso Euskera ez. Sí, en definitiva, baste con ese, pues el realismo épico (por llamarlo de algún modo) de muchos otros no consiguió llenarme e incluso me disgustó más de lo que mi salud literaria aconseja. La historia de la anciana que visita a su hijo preso, que guarda silencio durante casi todo el relato (el dato escondido), la mezcla de presente y Guerra Civil (los vasos comunicantes), la trama familiar (las cajas chinas)… constituirán una buena práctica para esos talleres literarios que tanto abundan y que ojalá sean para bien.

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