La comarca de A Coruña, y por extensión la provincia, registraron en las últimas cuatro décadas un crecimiento y un desarrollo económico con el que han logrado arrebatar a Vigo y Pontevedra el papel de motores de Galicia. Ahora la economía más importante de la comunidad gallega es la coruñesa (en aportación al PIB, empleo, exportaciones…) y en ese liderazgo tiene mucho que ver la expansión y crecimiento continuado de la multinacional textil coruñesa Inditex, la firma de moda más importante del mundo. Sus dimensiones y cifras de negocio llevaron a su fundador, Amancio Ortega, a liderar por momentos en los últimos años la lista de los hombres más ricos del planeta y es, con mucha diferencia, desde hace años el empresario con más patrimonio de España. A la aportación del gigante de Arteixo hay que sumar la de otras firmas coruñesas muy sólidas —como Estrella Galicia, Gadisa o Vegalsa— que han logrado crecer en los últimos años pese a la crisis económica y financiera global, que en España fue especialmente dura al producirse un desplome del consumo —de lo que dependen estas compañías— ante las escasas perspectivas de que la situación mejorase a corto plazo. La nota negativa en estas cuatro décadas la ponen grandes quiebras y cierres de empresas como la de Martinsa Fadesa, en su momento el mayor concurso de acreedores de la historia de España, o la pérdida de fábricas de distintas ramas de la industria.

Las últimas cuatro décadas en materia económica de la provincia de A Coruña son difíciles de entender sin Inditex, la gran locomotora de Galicia. El ahora gigante textil nació hace algo más de 40 años (en mayo de 1975) con la apertura de la primera tienda Zara en A Coruña, aunque ya desde 1963 Amancio Ortega y Rosalía Mera se habían embarcado en el sector textil con Confecciones GOA, un modesto taller de confección en el que comenzaron diseñando y fabricando vestidos y batas de mujer para su distribución. En solo diez años la plantilla de la firma pasó a estar formada por 500 personas, el germen de un imperio textil que nació con la apertura de la primera tienda Zara, con lo que el matrimonio Ortega Mera comenzó a comercializar sus propios productos, con lo que cerraba la cadena.

La inquietud y constante afán de mejorar de Amancio Ortega —que realizó su primera inmersión en el sector textil siendo un niño como chico de los recados de la emblemática camisería coruñesa Gala— está presente en el grupo con sede en Arteixo y también en sus más de 170.000 profesionales, de casi un centenar de nacionalidades y que hablan 54 idiomas diferentes. Una pequeña empresa con de confección y venta de ropa de mujer con presencia solo en A Coruña que pasó en cuatro décadas a vestir a medio mundo con más de 7.500 tiendas repartidas por cerca de un centenar de países y que ofrece a su público objetivo —hombres, mujeres y niños— todo tipo de productos —ropa, calzado, complementos, accesorios para el hogar— de muy distintos estilos dentro de sus ocho grandes enseñas (Zara, Massimo Dutti, Bershka, Pull&Bear, Stradivarius, Oysho, Zara Home y Uterqüe), que logran año tras año cifras espectaculares —la mayoría de ellas factura más de 1.000 millones anuales— que para sí querrían otras grandes compañía de la comunidad gallega.

Los directivos de inditex, con josé maría castellano y juan carlos rodríguez cebrián, en el debut en bolsa de inditex en 2001. sergio barrenechea

Estas macrocifras son superconocidas hoy en día, pero en los primeros años de andadura de Inditex su expansión se produjo sin que gran parte de la sociedad se percatase pues la discreción siempre fue —y sigue siendo— una seña de identidad de la casa, con su máximo accionista como gran referente de esta política.

Las cosas cambiaron con el paso de un siglo a otro y la importancia y la aportación del grupo con sede en Arteixo a la economía de Galicia comenzaron a hacerse patentes en 2001, cuando Inditex debutó en Bolsa de la mano de su entonces consejero delegado, José María Castellano. Su condición de cotizada sacó a la luz el tamaño de esta firma que entonces era aún una aspirante a liderar la moda mundial. Inditex cerró el año 2000 con unos beneficios de 258 millones de euros fruto de las ventas de su red de 1.000 tiendas en una treintena de mercados y el trabajo de sus cerca de 25.000 empleados. Sus ganancias desde entonces se multiplicaron por trece (con 3.368 millones el año pasado), sus puntos de venta por más de siete (más de 7.500 en la actualidad) con presencia en el triple de países y su plantilla también por siete, hasta alcanzar esos más de 170.000 profesionales en todo el mundo.

Ese crecimiento imparable de la multinacional textil coruñesa también incidió en su aumento de valor desde su debut bursátil pues los inversores apostaron desde el primer momento por su solidez y buen hacer. Solo en su primera jornada en Bolsa, las acciones de Inditex se revalorizaron un 22% y la empresa pasó de valer algo más de 9.000 millones en su estreno a superar los 80.000 en la actualidad. De hecho, su capitalización actual está lejos de los máximos alcanzados hace unos años, cuando superó por momentos los 100.000 millones de euros.

Una de las claves del tremendo crecimiento (a doble dígito en muchas de sus cifras) y expansión del gigante fundado por Amancio Ortega fue la llegada en 2005 a la dirección de Pablo Isla —sustituyó como consejero delegado a Castellano—, que solo seis años después relevó al propio Ortega como presidente de la compañía.

El máximo accionista de Inditex se hizo a un lado en 2011 con la seguridad de que el ejecutivo al que dejaba su puesto contaba con unos valores muy similares a los suyos y una visión del negocio idéntica, donde el centro de todo es el cliente y para responder a sus demandas la compañía apuesta por “innovar y actualizarse” constantemente. Y todo impregnado de la máxima discreción, como hasta ese momento había sido con Ortega.

La multinacional coruñesa registró una expansión constante en las últimas cuatro décadas y tiene puestos los cimientos para asegurar su crecimiento futuro. Las innovaciones tecnológicas (como el sistema de identificación de prendas por radiofrecuencia, que facilita el control del stock y permite una mayor eficiencia en la búsqueda de los artículos que quiere el cliente) son clave en esa estrategia, que ya no apuesta tanto por la ampliación de mercados con la apertura de tiendas físicas sino por el comercio digital. De hecho, entre sus objetivos más inmediatos está lograr la venta online en todo el mundo y con todas sus marcas en dos años, un hito que colocará al grupo fundado por Amancio Ortega a un nivel similar al del gigante estadounidense del comercio electrónico Amazon.

Otro ejemplo del buen hacer de los empresarios coruñeses en las últimas cuatro décadas —aunque su impacto en la economía coruñesa es mucho menor que la del gigante de Arteixo— es Corporación Hijos de Rivera, la cervecera de origen familiar propietaria de Estrella Galicia, que no ha parado de crecer en los últimos ejercicios y ya tiene el terreno sembrado para mantener esa tendencia en el futuro.

La compañía pilotada actualmente por Ignacio Rivera —miembro de la cuarta generación de la saga familiar— dio su gran salto de calidad en la década de los 90 del siglo pasado, cuando sus actuales directivos decidieron ampliar las miras y dejar de vender “exclusivamente en Galicia”. Ese cambio de estrategia permitió al grupo cervecero pasar de sacar al mercado 50 millones de litros de cerveza al año a rondar en la actualidad los 300 millones, con lo que logró casi sextuplicar su producción. Mientras, su facturación se multiplicó por más de 15, desde los 30 millones de euros que ingresaba en la década de los 90 a los 465 millones con lo que cerró el pasado ejercicio.

Pero la clave del éxito del grupo con sede en el polígono de A Grela no está solo en el negocio cervecero, también en la diversificación, con la venta además de agua mineral, sidras, vinos, etc., con lo que cuenta con un variado catálogo de productos. A ello suma además el negocio de la distribución, cada vez más potente, con importantes acuerdos con grandes firmas del sector de todo el mundo.

Y, al igual que hace Inditex, Hijos de Rivera no deja de mirar al futuro y ya tiene abonado el terreno para seguir creciendo. En los últimos años se han producido dos hitos —la tramitación e inicio de las obras para ampliar sus instalaciones en el polígono de A Grela y la compra de terrenos en Brasil para construir allí su propia fábrica de cerveza— que le permitirán contar con una base sólida para expandirse tanto en el mercado europeo como en el americano.

La cuarta generación de Hijos de Rivera impulsó Estrella Galicia, que multiplicó por 15 sus ingresos respecto a la década de los 90 y decidió salir al exterior

En línea ascendente y con buenos resultados en las últimas décadas están también otras firmas coruñesa del sector de la distribución como la coruñesa Vegalsa-Eroski y la betanceira Gadisa. Ambas alcanzan ya cifras de facturación superiores a los 1.000 millones de euros y aparecen entre las compañías más importantes de la comunidad. Su crecimiento les ha llevado a entrar en mercados próximos como Asturias y Castilla y León y su red de tiendas no para de aumentar, con continuas aperturas y reformas y ampliaciones de las ya existentes.

Las últimas cuatro décadas también dejan el fin de importantes factorías y empresas, como es el caso de la Fábrica de Tabacos o la liquidación de Martinsa Fadesa, que entró en concurso de acreedores —el mayor de la historia de España en su momento— poco después de que Manuel Jove vendiese Fadesa a Fernando Martín, presidente de Martinsa, por 2.800 millones de euros. A estas pérdidas se suman otras como las sonadas de Caixa Galicia o Banco Pastor por la crisis financiera.