A Coruña vivió una transformación sin precedentes a nivel educativo en las últimas cuatro décadas que alcanzaría su punto álgido en 1989, cuando la Xunta, presidida por Fernando González Laxe, aprobó la Ley del Sistema Universitario Galego, que rompía con el histórico monopolio santiagués de la enseñanza superior y daba pie a la creación de las Universidades de A Coruña (UDC) y Vigo (Uvigo).

Hasta entonces, la ciudad simplemente operaba como delegación de Santiago y como sede de varias facultades de importancia como las de Arquitectura y Aparejadores, en el campus de A Zapateira, o Magisterio y Económicas, en la antigua Ciudad Escolar. La nueva normativa, sin embargo, no supuso la inmediata independencia de los campus coruñés y ferrolano. Los inicios eran los de una Universidad prácticamente sin recursos y sin personal. El que fue primer rector de la UDC, José Antonio Portero Molina —aunque solo durante seis meses—, rememoraba en el curso 2014/2015 para este diario —con motivo del 25 aniversario de la institución académica— que las primeras convocatorias de plazas se realizaron todavía bajo la tutela de Santiago, en donde la segregación se recibió no sin poca oposición. “Durante los primeros meses no tenía ni coche oficial para ir a los actos y el equipo rectoral nos teníamos que reunir en un piso en Juana de Vega”, explicaba Portero Molina.

La gran expansión de alumnos, centros y titulaciones se inició a partir de 1990, bajo el mandato de José Luis Meilán Gil. La constitución formal del Claustro y la aprobación de los primeros Estatutos se pospuso hasta 1992, en una intensa sesión en la que se fijó la hoja de ruta de la institución académica coruñesa.

La aparición de dos nuevas universidades en Galicia trajo consigo también una competición por la llegada de nuevas titulaciones. Dos de las que más seducían a los equipos de gobierno coruñeses fueron Bellas Artes y Medicina. Sin embargo, la primera se la llevó al campus de Pontevedra, dependiente de la Universidade de Vigo, y la segunda permaneció en Santiago. Fueron necesarios 17 años de intenso debate sobre esta última titulación, la más deseada, para que las tres universidades gallegas dejasen atrás sus disputas y alcanzasen un punto de encuentro. En octubre de 2015, los tres rectores y la Xunta rubricaron un acuerdo que abrió la vía para que profesores de áreas relacionadas con la Medicina de A Coruña y Vigo impartan docencia clínica, en el caso coruñés, en el complejo hospitalario de la ciudad.

Esta colaboración, que también permite a esos profesores titulares o catedráticos que logren la venia docendi, dar clase en la propia Facultad de Medicina de Santiago, solo tiene como límite que no puede exceder un tope fijado en el 15% de las necesidades de personal docente e investigador que tenga la Universidade de Santiago (USC) en esa área concreta.

vista general del campus coruñés de elviña.

Otro conflicto al que la institución académica coruñesa tuvo que hacer frente en los últimos años —en los que la UDC tuvo que adaptarse, además, a los cambios impuestos por el Plan Bolonia— está relacionado con la distribución de los fondos del Plan de Financiamento do Sistema Universitario de Galicia 2011-2015. En 2011, el primer año de aplicación de ese acuerdo alcanzado en 2010, se repartieron 290 millones de euros correspondientes al fondo estructural, de los que 123,7 fueron a la Universidade de Santiago; 88, a la de Vigo y 78,3, a la de A Coruña. A partir de 2012, se acordó que la distribución se realizaría en función de nuevos criterios que se aplicarían de forma progresiva. En 2014, la institución coruñesa argumentó ante los tribunales que las cantidades abonadas por el Ejecutivo autonómico al aplicar el criterio “histórico” vulneraron “el principio de seguridad jurídica, de estabilidad financiera y la suficiencia, así como la equidad institucional”, pues los cálculos fueron realizados “de una forma unilateral e inmotivada por la Xunta”. Una sentencia del TribunalSuperior de Xustiza de Galicia (TSXG) le dio finalmente la razón y ordenó a la Consellería de Educación aplicar entre 2012 y 2015 los mismos parámetros de 2011 para determinar la cuantía que le correspondería haber recibido a cada organismo académico en función de la variable histórica. La UDC cuantificaba las pérdidas en 7,5 millones y, tras la estimación parcial, se llegó a un acuerdo por 4,2.

No obstante, la institución académica coruñesa continúa reclamando cambios de criterios para el reparto de fondos entre los campus gallegos. Y es que aunque el acuerdo de financiación del sistema universitario gallego para el periodo 2016-2020 mejora la financiación estructural respecto al anterior sistema, no garantiza la estabilidad y un sistema universitario sólido.
Reivindicaciones al margen, el crecimiento de la Universidade da Coruña desde su creación es uno de los más importantes del Estado. De una infraestructura inicial que no permitía dar aulas a más de diez titulaciones, se ha llegado al punto actual en que los campus de Elviña, A Zapateira y Ferrol cuentan con trece facultades, cuatro escuelas técnicas superiores, cuatro escuelas universitarias propias y tres más adscritas, en las que se imparten cerca de 150 titulaciones oficiales, repartidas en 51 grados —este curso se estrenó Gestión de Moda, el primero bilingüe de Galicia, en el campus de Ferrol, y Gestión de Paisaje, impartido entre A Coruña y Santiago—, 60 másteres y 37 programas de doctorado. Entre los principales avances registrados por la institución académica coruñesa en los últimos años, destacan también la participación en la puesta en marcha de empresas de base tecnológica, el proyecto Atempo o la internacionalización de los estudios. En cuanto al alumnado, el rector, JulioAbalde, reconocía recientemente en una entrevista con este diario que, tras unos años de tendencia a la baja, la institución se encuentra “en una fase de estabilización, absorbiendo el descenso que se produce en el cambio de Bolonia a las antiguas titulaciones, que son de un curso menos, y la presión del descenso demográfico”.