El repaso a cuarenta años de vida municipal en A Coruña permite apreciar el fenómeno de que la formación que ocupa el poder en la actualidad en el palacio de la plaza de María Pita, Marea Atlántica, se considera en buena parte heredera del legado del primer alcalde de la ciudad tras el regreso de la democracia a los ayuntamientos, Domingos Merino, por lo que estas cuatro décadas cerrarían un largo círculo. Pero más de la mitad de ese recorrido está marcado por la figura de Francisco Vázquez, el hombre que gobernó la ciudad durante 23 años y cuyo mandato aún se deja sentir en múltiples consecuencias doce años después de su finalización.

Las elecciones municipales de 1979, las primeras de la entonces recién nacida democracia, dejaron una Corporación coruñesa muy fragmentada y con un predominio de las fuerzas políticas de izquierda. El pacto alcanzado a nivel gallego llevó a que la Alcaldía de la ciudad quedase en manos de una coalición de partidos que había alcanzado un resultado sorprendente, ya que Unidade Galega consiguió cinco concejales. Las formas utilizadas por Merino en el desempeño del cargo, que rompían de forma radical con los usos tradicionales cuando el franquismo aún estaba muy vivo, hicieron que sufriera continuos ataques por parte de los sectores más tradicionales de la política y los medios de comunicación.

La inexperiencia de todos los partidos hizo que la Corporación se sumiera en estériles debates sobre cuestiones ajenas a la vida municipal, a lo que se sumaron las disputas internas en el seno de Unidade Galega. La conmoción que vivió el país con el intento de golpe de Estado del teniente coronel Tejero fue el punto culminante de la inestabilidad que vivía el Ayuntamiento, ya que, tras su fracaso, el alcalde se negó a respaldar una iniciativa de apoyo a la Corona y la Constitución, lo que causó una grave crisis municipal. Merino optó por dimitir cuando solo llevaba dos años al frente del Gobierno local, cuya dirección pasó a manos de Joaquín López Menéndez, de Unión de Centro Democrático. El final del mandato llegó con una propuesta de Plan General de Ordenación Urbana pendiente de su aprobación definitiva y que defendía un cambio en la política urbanística de la ciudad.

El alcalde Domingos Merino
En el centro joaquín lópez menéndez.

Su puesta en marcha quedaba encomendada al siguiente gobierno, que ya estaría encabezado por Francisco Vázquez gracias a la mayoría absoluta que el PSOE obtuvo en los comicios de 1983. Su triunfo fue una consecuencia de su papel como paladín de la defensa de A Coruña como capital de Galicia frente al apoyo del resto de partidos de ámbito autonómico a la candidatura de Santiago.

El instinto de Vázquez le hizo comprender que el futuro de A Coruña, en plena descomposición administrativa e industrial, pasaba por un gran desarrollo urbanístico como ciudad de servicios en el que todo estaba por hacer. El Gran Constructor de María Pita pondrá en pie una urbe nueva en un dilatado proceso que generará también una privilegiada esfera de influencia e intereses en la que se gestarán algunas de las grandes fortunas locales. Para construir ese mundo a su medida, Vázquez centrifuga todas las opciones en un solo ideario—el vazquismo— que abarca toda la clientela electoral. Lo mismo aparece respaldado por los líderes socialistas que avala en las elecciones al candidato Fraga.

El resultado es un pacto no escrito por el que la derecha renuncia a plantearle batalla en su feudo, con la salvedad de una agresiva campaña en la que su antiguo compañero en los Maristas Augusto César Lendoiro —portavoz del PP en el Concello— implica a su familia en una trama de negocios inmobiliarios.

Pero en 2005, en un sexto mandato municipal en el que ya obtuvo la mayoría absoluta a duras penas, este periódico desveló la operación inmobiliaria por la que Vázquez había adquirido un inmueble histórico en O Parrote por tan solo 110.000 pesetas el metro cuadrado, diez veces menos el precio de mercado, después de que la ONCE rompiera el acuerdo pactado con la SGAE para la compraventa del inmueble, catalogado como monumento nacional. El Ayuntamiento recalificó el inmueble para rebajarle la protección urbanística y así permitir obras en la vivienda.

Javier Losada

La información de LA OPINIÓN obligó al alcalde a convocar un insólito pleno extraordinario durante el cual ofreció unas peculiares explicaciones y del que salió muy tocado. El Gobierno forzó finalmente en febrero de 2006 su salida de la Alcaldía coruñesa tras sus polémicas operaciones inmobiliarias y sus vinculaciones societarias y económicas con el presidente de la patronal gallega, reveladas también por este periódico, que deterioraron su imagen política. Zapatero le dio la espalda políticamente y forzó una salida honrosa de Francisco Vázquez al nombrarle embajador ante la Santa Sede.

Tras la marcha intempestiva de Vázquez, su hasta entonces segundo en el Ayuntamiento, Javier Losada, le sucedió en el año que quedaba de mandato y fue cabeza de cartel del PSOE en las siguientes elecciones. Pero si su mentor pudo difícilmente revalidar la mayoría absoluta en 2003, él ya fue incapaz en 2007 y tuvo que pactar con el BNG para hacerse con la Alcaldía, lo que abrió una nueva etapa en la historia municipal coruñesa, en la que los nacionalistas nunca habían formado parte del Gobierno. En aquel momento ambos partidos gobernaban también la Xunta, mientras que los socialistas lo hacían en Madrid, de forma que la coyuntura política era favorable para sus intereses.

Carlos Negreira

Pero el inicio de la crisis económica en 2008 trastocó todos los planes, ya que la imagen de que el Gobierno central no era capaz de hacerle frente perjudicó a todos los ayuntamientos dirigidos por los socialistas, incluido el de A Coruña, que en 2011 sufrió un vuelco total con la victoria electoral del Partido Popular, que además consiguió la mayoría absoluta. De la mano de Carlos Negreira, el PP se asentó por primera vez en la Alcaldía y recibió un contundente apoyo de la Xunta, gobernada por su partido desde 2009, y del Gobierno central, presidido también por los populares desde noviembre de 2011.

Si la recesión económica favoreció la caída del bipartito, la corrupción fue uno de los factores que influyeron en que el PP perdiera las elecciones de 2015, no solo por la que afectó al partido a nivel nacional con el caso Gürtel como el más destacado, ya que también en A Coruña tuvo que hacer frente a las investigaciones judiciales por la operación Pokemon, aún abiertas, en la que se vieron envueltos el primer teniente de alcalde, Julio Flores, y altos cargos municipales. El Gobierno local de Negreira confió su suerte al ambicioso proyecto de transformación de la Marina, que presentó como espejo de su labor, aunque las características de esta iniciativa suscitaron en la ciudad tantos apoyos como rechazos.

Xulio ferreiro.

La irrupción de Podemos y las fuerzas que en varias comunidades autónomas confluyen con su planteamiento político tuvo en A Coruña su plasmación en Marea Atlántica, una formación nacida solo un año antes de los comicios y que contra todo pronóstico obtuvo diez concejales, los mismos que el PP. El respaldo de PSOE y BNG hizo posible que Xulio Ferreiro se convirtiera en el nuevo alcalde, pero la precariedad con que su formación llegó al poder dificulta de forma notable su labor, ya que depende de los votos socialistas para aprobar sus proyectos.

La entrada de este nuevo grupo en la Corporación es además la constatación de que tanto en la vida municipal coruñesa como en el resto de ámbitos políticos se ha abierto una nueva era en la que la obtención de mayorías absolutas será un objetivo muy difícil de alcanzar por cualquier partido.