El pasado día 12 A Coruña dejó de ser la única ciudad de Galicia sin residencia universitaria pública. Catorce años después de la aprobación del primer proyecto para levantar un edificio en la ciudad que albergase a universitarios desplazados, la Universidade da Coruña (UDC) estrenó el centro Elvira Bao, en el ala este del instituto Calvo Sotelo.

La apertura de la primera fase de la residencia universitaria fue posible gracias a la colaboración entre la Diputación y el Concello coruñés, que firmaron un convenio en 2015 con el entonces rector, Xosé Luís Armesto, para la cesión de esa parte del edificio, localizado en la Plaza Museo Nacional de Ciencia, próximo al campus de Riazor. El ente provincial sufragó las obras para el acondicionamiento del inmueble, con una inversión total de tres millones de euros.

El “día histórico” al que aludieron todos los representantes públicos en la inauguración de la primera fase de la Elvira Bao mereció la presencia de los tres rectores que trabajaron por sacar adelante el proyecto, desde la primera intentona en el campus de Elviña impulsada por José María Barja, hasta el acuerdo con la Diputación firmado por Xosé Luís Armesto y la fase final, ejecutada ya con Julio Abalde al frente de la Universidade da Coruña. “Este tipo de días son la gasolina que nos permite continuar dedicados a la vida pública”, manifestó el presidente de la Diputación,Valentín González Formoso. El alcalde coruñés, Xulio Ferreiro, remarcó que la residencia pública llega tras los “denodados esfuerzos” de tres equipos rectorales. “Será un instrumento de cohesión social que pondrá la universidad al alcance de más personas”, reivindicó Ferreiro. Y la vicepresidenta de la Diputación, Goretti Sanmartín, valoró que con la apertura de esa primera fase de la infraestructura se da “un paso de gigante” para solventar “una deuda histórica”.

La primera residencia universitaria pública de A Coruña lleva el nombre de Elvira Bao, maestra galleguista e irmandiña represaliada tras el golpe de 1936 que, tras pasar por la prisión, fue confinada en su domicilio y salió adelante gracias a las clases que impartió en el barrio que ahora la hace visible. A este acto de recuperación de la memoria histórica, feminista y educativa también se refirieron los discursos. “Que otro país sería este si tantas mujeres, muchas de ellas maestras, no tuviesen ese corte que fue la dictadura”, remarcó Goretti Sanmartín.

Un estudio de la facultad de Arquitectura denunció en 2008 la existencia de al menos 150 infraviviendas enA Zapateira donde se alojaban universitarios

Aunque el centro dispone de 46 plazas en esta primera fase, en la actualidad solo aloja a trece estudiantes. Las dudas sobre la fecha de apertura a causa de los sucesivos retrasos en las obras inhibieron las solicitudes en el plazo fijado, por lo que la Universidade da Coruña optó por abrir un nuevo período de inscripciones en diciembre para completar las 33 plazas restantes y que los alumnos puedan ocupar sus habitaciones una vez finalizadas las vacaciones de Navidad. Cuando concluyan las obras en su totalidad serán un total de 120, casi el triple. El precio de las habitaciones oscila entre los 100 y los 150 euros, e incluye los consumos de calefacción, electricidad, agua y wifi. Entre otros servicios, los universitarios alojados allí tienen acceso al comedor del instituto Calvo Sotelo.

Atrás queda ya la época en que universitarios coruñeses residían en galpones ubicados en diferentes fincas de las inmediaciones del campus de A Zapateira. Un estudio de la escuela de Arquitectura denunció una realidad conocida aunque no reconocida, no solo por los residentes en el barrio, sino por la comunidad educativa y las administraciones: la existencia de al menos 150 infraviviendas que incumplían las normas de habitabilidad. Fue en octubre de 2008. Tres meses después, y tras el revuelo público levantado, el Concello dio 15 días a los propietarios para echar el cierre. Pese a las prohibiciones municipales, algunas de aquellas construcciones continuaron alojando a estudiantes durante varios cursos.