La sanidad actual poco tiene que ver con la de hace cuatro décadas. En 1978, el entonces hospital Juan Canalejo de A Coruña apenas tenía seis años de vida, los ambulatorios eran un bien escaso en el rural —lo habitual eran pequeños consultorios locales—, la red de transporte sanitario urgente (el 061) aún tardaría casi 20 años en constituirse y al ingresar a un paciente se tardaban horas o incluso días en poder consultar su historial clínico. La ampliación de las infraestructuras, el aumento progresivo de servicios, las nuevas técnicas médicas y la tecnología revolucionaron la asistencia sanitaria en todo el país. Cuarenta años después, el área sanitaria coruñesa —una de las más grandes de la comunidad— puede presumir de ser un referente a nivel gallego a la hora de tratar a pacientes con lesión medular o quemados y ser pionera a nivel estatal tanto en número de trasplantes realizados como en cirugías innovadoras.

Hace cuatro décadas la prioridad era ampliar las infraestructuras sanitarias. La Ley de Hospitales de 1962 supuso el pistoletazo de salida para la modernización de la estructura hospitalaria del país. Se construyeron nuevos centros y con un nuevo objetivo: dejar atrás la idea de vincular hospitales a beneficencia e impulsar la Seguridad Social y la asistencia sanitaria tal y como se conoce hoy en día. Diez años después de que se aprobase esta normativa, Francisco Franco inauguraba la Residencia Juan Canalejo —rebautizada como Hospital Universitario de A Coruña en 2008— que se convertía en el mayor centro de Galicia al contar con una superficie de 50.000 metros cuadrados y 830 camas. Ahora, 46 años después y tras varias ampliaciones —la última la renovación del servicio de Urgencias que cuadruplicó el tamaño de las anteriores instalaciones—, el hospital supera ampliamente el millar de camas disponibles.

La apertura del antiguo Canalejo amplió los servicios sanitarios de toda la comarca coruñesa. Hasta entonces el gran hospital de la ciudad y su comarca estaba donde ahora se ubica el Materno Infantil, pero era de medicina general y con solo 250 camas. “No había celadores y la forma de esterilizar el material antes de entrar en quirófano no tenía nada que ver”, recuerdan algunos trabajadores de aquella época, quienes resaltan que el nuevo hospital contaba ya con un centro de traumatología, rehabilitación o consultas externas, entre otros servicios. Poco a poco, el nuevo hospital se fue consolidando como uno de los referentes no solo a nivel gallego sino estatal: fue el primer centro de Galicia en realizar trasplantes de corazón e hígado y es centro de referencia para atender a pacientes hemofílicos o lesionados medulares de toda la comunidad gallega.
Trece años después de la apertura del Juan Canalejo, se ampliaba la red hospitalaria del área coruñesa con la restauración e inauguración del Materno Infantil Teresa Herrera, destinado a maternidad, infancia y algunas áreas específicas como oncología o ginecología. Se inauguró en 1985 con el nombre de la fundadora del desaparecido Hospital de la Caridad en 1971 en A Coruña.
El actual Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac) se completaría con el paso de los años con la incorporación de los hospitales más antiguos de la ciudad. Es el caso del actual Abente y Lago que abrió sus puertas en 1626 como Hospital del Rey para atender a las tropas militares asentadas en la ciudad. Tres siglos después —en 1995— y tras varias remodelaciones, una de ellas tras sufrir un gran incendio, dejó de estar en manos del Ministerio de Defensa y pasó al Sergas. Pese a que el Abente y Lago nació centrado en las consultas externas, en la actualidad es el lugar en el que se realizan una gran parte de las cirugías ambulatorias.

Lo mismo ocurrió con el Hospital de Oza, con una larga trayectoria en la asistencia sanitaria antes de incorporarse a la red del Servizo Galego de Saúde. En 1910 se contruyó el Sanatorio Marítimo de Oza para atender a niños pretuberculosos o con tuberculosis ósea sobre las antiguas instalaciones del lazareto marítimo. Constituido por varios edificios, el hospital propiamente dicho se convirtió durante la guerra en enfermería de guerra para ser después del Patronato antituberculoso e incorporarse a la red del Sergas en 1990. Tras varias reformas, una parte del antiguo sanatorio alberga ahora varias titulaciones de Ciencias de la Salud de la Universidade da Coruña y el edificio que funciona con hospital se encuentra especializado en cuidados paliativos y psiquiatría.

En paralelo al refuerzo de la red hospitalaria, el área sanitaria deA Coruña —que abarca desde la ciudad hasta gran parte de A Costa da Morte— amplió progresivamente el número de centros de salud. Si a principios de los años 90 lo más habitual eran los locutorios locales —especialmente en las zonas rurales— poco a poco se dio la vuelta a la tortilla y hace tiempo que los ambulatorios ganan en número a los antiguos consultorios. Un cambio que se logró en gran parte gracias al traspaso de competencias sanitarias desde el Gobierno central a la Xunta que se oficializó en 1991. Ese año nacía el Servizo Galego de Saúde (Sergas) y Galicia se convertía en la quinta comunidad con un sistema sanitario propio.

Con la llegada del Sergas, los gallegos también dijeron adiós a la cartilla de la Seguridad Social para contar con una tarjeta sanitaria individualizada que en la actualidad es la clave de la receta electrónica. Galicia fue de las primeras comunidades en abandonar el formato papel. Lo mismo ocurrió con la aplicación del historial clínico electrónico, donde Galicia también se situó a la cabeza. Además, en estos 40 años se constituyó la red de transporte público de emergencias tal y como se conoce en la actualidad —el 061 nacía en el año 1996— y se daban grandes avances a nivel médico, muchas veces de la mano de la tecnología, como la telemedicina, las cirugías menos invasivas o los tratamientos personalizados para patologías como el cáncer.