En 1978 el Liceo ascendió por primera vez a la entonces División de Honor. Cuarenta años después, es el club más laureado de Galicia. En 1978, la ciudad solo podía presumir de una medalla olímpica, la plata de Ramón González en Amberes 1920 en la modalidad de fútbol. Un oro, de Sofía Toro (vela) en Londres 2012, y dos platas, de Fernando Romay (baloncesto) en Los Ángeles 1984 y de Francisco Boedo (judo para invidentes) en Atlanta 1996, es el botín cuarenta años después. Porque cuatro décadas dan para mucho. Para la creación de un mito, la gloria olímpica y el auge del deporte femenino encarnado en varios equipos que dominaron sus modalidades como el Karbo en el fútbol, el Sal Lance en fútbol sala y el CRAT en rugby. Cuarenta años, además, en los que en la ciudad se celebraron Mundiales, Europeos y en los que se crearon algunas de las competiciones con más solera del deporte español como el Trofeo Miguelito, nacido en 1988.

El Karbo abrió el camino. A Coruña fue, de la mano del Karbo, el epicentro de los orígenes del fútbol femenino español. El equipo colegial se proclamó campeón de España en 1981 y logró los tres primeros títulos de la Liga femenina en 1982, 1983 y 1984 hasta su desaparición en 1988.

El Sal Lence recogió el testigo. Muchas de las protagonistas del Karbo se pasaron tras su desaparición al fútbol sala y el Sal Lence continuó con los éxitos en otro capítulo glorioso del deporte coruñés con tres Ligas (1993, 1995 y 1996) y dos Copas de la Reina (1992 y 1994).

El Liceo abrió la cuenta de títulos en 1982. Después de ascender a la máxima categoría en 1978, logró su primer éxito en 1982, cuando levantó la primera de sus nueve Copas del Rey tras ganar en la final al Reus por 8-5.
En 2018, el Liceo sigue levantando copas. El equipo coruñés, ahora dirigido por Juan Copa, inició la temporada con un nuevo título al ganar la Supercopa de España en la final que disputó frente al todopoderoso Barcelona.

El mayor acontecimiento deportivo del mundo son los Juegos Olímpicos. Cada cuatro años, es el escaparate en el que todos se quieren mostrar. Clasificarse para participar en ellos no es nada fácil y menos llegar allí y brillar, ya sea con un podio o con un diploma. Antes de 1978, pocos coruñeses los habían logrado. Solo el ya citado Ramón González, que se colgó la plata con la selección española de fútbol en Amberes 1920, aunque en su caso una enfermedad contraída en el tren de camino a la ciudad belga le impidió disputar ni un solo minuto del campeonato; cuatro años después, en París 1924, y también en fútbol participó Juan Monjardín; en Londres 1948 fue el turno del atleta Manuel Suárez-Pumariega mientras que el tirador olímpico Jaime González Chas pasó por México 1968, Múnich 1972 y Montreal 1976, cita donde también tomó parte.

El 11 de agosto de 2012, Sofía Toro y sus compañeras Támara Echegoyen y Ángela Pumariega hicieron historia para el deporte

A partir de 1978, los números mejoran, aunque habría que esperar a Barcelona 1992, una fecha clave para el deporte español en general, para vivir el acelerón definitivo. A Moscú 1980 acudieron Jaime González Chas, para el que se trataban de sus cuartos Juegos Olímpicos, el atleta Isidoro Hornillos, el mítico portero Francisco Buyo como miembro de la selección española de fútbol y el jugador de baloncesto Fernando Romay. El gigante coruñés, cuatro años después, fue protagonista de uno de los momentos más especiales de la historia de la canasta con la plata en Los Ángeles 1984. Fue un hecho clave, el inicio de lo que muchos años después daría paso a una generación dorada del baloncesto español y su desembarco en la NBA. Romay y sus compañeros tuvieron mucha culpa de ello.

Fernando Romay y la plata en Los Ángeles 1984. El coruñés protagonizó uno de los momentos clave del deporte español con una selección española que tuteó a las estrellas de la NBA y que fue la precursora de la generación dorada del baloncesto.

Para A Coruña, la historia olímpica continuó en Seúl 1988 con el yudoka Victorino González, que además volvió de Corea del Sur con un diploma bajo el brazo. Después llegó el gran momento, el de Barcelona 1992. Cinco deportistas, entre ellos por primera vez una mujer, lograron su pase. Fueron los lanzadores Ángeles Barreiro y David Martínez (atletismo), el tirador Ramiro Bravo (esgrima), el jugador de tenis de mesa adaptado Indalecio Iglesias y el de hockey sobre patines Alejandro Avecilla, que se colgó la plata aunque su deporte solo participó como invitado. A Atlanta 1996 A Coruña también clasificó a cinco deportistas: Andrés Díaz (atletismo), Roberto Naveira (judo), Jorge Maciel y Antón Garrote (vela) y Francisco Pucho Boedo (judo), que además subió al podio para colgarse la medalla de plata en la categoría para invidentes, única presea coruñesa en los Juegos Paralímpicos.

Ya en el siglo XXI, Sídney 2000 abrió otra época. Allí repitieron Jorge Maciel en vela y Francisco Boedo en judo y se estrenó Francisco Zas en taekwondo. Allí también volvió Andrés Díaz, que se presentó como uno de los favoritos en la prueba reina sobre el tartán, los 1.500 metros. Un año antes se subió al podio delCampeonato del Mundo bajo techo para recoger la medalla de bronce por detrás del mítico Haile Gebrselassie y del keniata Paul Bitok y había sido quinto en Sevilla al aire libre por detrás de otros históricos como Hicham el Guerrouj, Noah Ngeny, Reyes Estévez y Fermín Cacho. Para completar un 1999 de ensueño, también batió el récord de Europa, en este caso indoor. Un registro de 3:33.32 que todavía, casi veinte años después, mantiene su vigencia. Por eso en Australia aspiraba a lo máximo. Pero no contaba con ponerse enfermo. Corrió las series y las semifinales con 39 de fiebre. El día anterior a la final estaba en el hospital. Fue séptimo. Un diploma que supo a poco pero que con los años valora como una medalla.

Andrés Díaz y un récord de Europa que todavía perdura. Se hizo hueco en la elite en los años dorados del mediofondo. Díaz fue bronce en el Mundial bajo techo de 1999, año en el que logró el récord de Europa; quinto en el Mundial de Sevilla y séptimo en Sídney 2000.

Otro gran nombre es el de Chuny Bermúdez de Castro. El regatista fue el representante de la ciudad en Atenas 2004, donde compitió en la clase star, aunque por lo que más es reconocido es por su faceta oceánica. Es el español que más participaciones acumula en la Volvo Ocean Race, competición que ganó en 2015 a bordo del Azzam. Y de la vela también llegó uno de los momentos más importantes del deporte coruñés. El oro olímpico de Sofía Toro. Fue la única representante en Londres 2012. Junto a sus compañeras Támara Echegoyen y Ángela Pumariega compitieron en la case match race. Llegaron como tapadas.Nadie contaba con ellas. Pero jornada a jornada fueron superando etapas. Primero aseguraron la medalla. Después se clasificaron para la final. Y en ella, confirmaron el oro con una victoria sobre la tripulación australiana. Fue el 11 de agosto de 2012. Una fecha para el recuerdo. Los últimos Juegos, los de Río 2016, fueron el momento de Paula Medín y Vanesa Rial, que trajeron un diploma en el estreno olímpico del rugby; y de Alberto Seoane, doble diploma, individual y por equipos, en tenis de mesa adaptado.

Fernando Alonso, bicampeón del Mundo. La Fórmula 1 cobró especial protagonismo con la llegada de Fernando Alonso. El asturiano ganó el Mundial en 2005 y en 2006.

El hockey sobre patines no es olímpico pero sí que es la disciplina que llevó a la ciudad a la cima del deporte mundial. Sobre todo con el Liceo, aunque sin olvidarse del Dominicos, que levantó una Copa del Rey. En cuarenta años, el Liceo ganó siete Ligas, 9 Copas del Rey, 6 Copas de Europa, 6 Continentales, 2 Recopas de Europa, 3 Copas CERS, 5 Intercontinentales y 2 Supercopas de España. Durante décadas, sobre todo en los 80 y en los 90, el Liceo fue el primer equipo de A Coruña, su mayor emblema, incluso por delante del fútbol. DanielMartinazzo, Carlos Gil, Mario Agüero, Roberto Roldán, Alberto Areces, Kiko Alabart, Willy Duarte, José Luis Huelves… son nombres que ya forman parte de una historia que se sigue proyectando con los éxitos del presente. Pero hubo otros equipos que marcaron época en sus deportes como el Karbo, cuatro veces campeón de España de fútbol femenino; el Sal Lence, que ganó tres Ligas de fútbol sala femenino y dos Copas de la Reina; el Chaston, que logró dos Ligas y tres Copas del Rey de fútbol sala masculino; y el CRAT, campeón de rugby femenino. Cuarenta años de éxitos.