H ace cuarenta años, en el mes de noviembre de 1978, empecé a entrenar al Deportivo. Estuve toda aquella temporada. Yo me encontraba sin equipo, fui a pasar una temporada a A Coruña y los directivos que eran amigos míos (el presidente era entonces Antonio Álvarez) me acabaron convenciendo para echarles una mano. El Deportivo y el fútbol en sí eran otro mundo. No había tanta publicidad, se trabajaba con más familiaridad y tranquilidad. Tampoco había abundancia en campos y en condiciones de trabajo, pero como en todas partes. Teníamos muchas ganas de hacer las cosas bien y, aunque sufrimos mucho, aquella campaña nos salvamos de bajar a Segunda B. Yo después no seguí porque me volví para Italia. Afortunadamente desde entonces y durante estas cuatro décadas todo ha cambiado muchísimo y nadie podría haber esperado todo lo que ocurrió con el Deportivo.

Cuando yo era joven en A Coruña estuvo el equipo de Alejandro Scopelli que fue subcampeón de Liga (1949-50) y luego vino la Orquesta Canaro, que hacía un gran fútbol. Pero desde entonces el Dépor no había conseguido nada importante. Mucha gente de cachondeo le llamaba el club ascensor porque subía, bajaba, subía, bajaba… El objetivo, como mucho, era mantenerse en Primera. Hasta que llegó un hombre que es un fenómeno y que son pocos todos los homenajes que se le puedan hacer. Se llama Arsenio Iglesias. Es cierto que el Deportivo acertó al contratar a dos futbolistas como Mauro y Bebeto y que tenía ojo para fichar a jugadores que descartaban otros, pero él lo hizo campeón, llevó a pelear arriba a un conjunto que había sufrido el año anterior. Se puede fichar muy bien, pero luego hay que hacer al equipo funcionar en el terreno de juego y él es buenísimo. Fue un gran jugador y aún mejor entrenador. Nuestra amistad viene de muy lejos. Lo poco que jugué en el Deportivo fue con él, ya estaba en la primera plantilla cuando yo llegué. Durante un tiempo creo que no se le reconoció lo suficiente, los detalles hay que tenerlos en vida. A mí me hicieron aquel acto en la que fue mi casa en la calle Hércules y la verdad es que me hizo mucha ilusión. Son detalles sencillos, no es necesario mucho más. Lo que pasa es que en ocasiones como era Arseniño, como era de casa, parecía que sus logros estaban al alcance de cualquiera. ¿Por qué ahora ya no se consiguen? Nunca se sabe qué pasará en un futuro y ojalá me equivoqué, pero el fútbol ha cambiado y no creo que vuelva a ocurrir algo parecido con el Deportivo. Al menos, me parece que yo no lo veré porque ya tengo una edad.

Todo ese cambio del Dépor y todos sus éxitos los viví a lo grande. Al principio cuando estaba en Italia nadie lo conocía y luego poco tenía que explicarle a la gente. Decían ‘ah, este es tu equipo’. Su popularidad fue enorme y A Coruña también explotó ese reconocimiento. La imagen del equipo y la ciudad estaban muy unidas. Incluso tuvo mala suerte en 2004 en la Champions con el Oporto, pudo haberlo eliminado y ganarle la final ante el Mónaco. A mí me dio un poco de envidia no haberlo vivido desde dentro como jugador, como por ejemplo sí pudo hacer alguien de la casa como Fran. Estoy muy contento y agradecido por la carrera que he tenido, pero aunque no hubiese ganado tanto como fuera, para alguien de A Coruña hubiese sido impresionante estar en todo aquello. Vives en tu casa, lo disfrutas en primera persona. Hay que conocer un poco la historia de este club para valorar toda esa evolución. En mi época marcharse al Madrid o al Barcelona era la manera de progresar. Al menos, a partir de entonces y durante un tiempo fue diferente.

Ahora en Segunda y desde Milán me cuesta seguir un poco al Deportivo, solo puedo hacerlo cuando voy a Barcelona. El año pasado en Primera lo vi algo más y ocurrió lo que nadie quería que ocurriese. Cambió mucho de entrenador. Al final, por muchas modificaciones que tú hagas, el que toca el violín es el futbolista. Yo no sé muy bien el motivo de lo sucedido, aunque aguardo que ahora haya mayor estabilidad y paciencia.

Hoy en día en el mundo del fútbol manda lo económico y será muy difícil vivir algo parecido. O viene alguien al club que tiene petróleo o encontramos petróleo en A Coruña… o será imposible. Más allá de eso y de la broma, no sé si se hace bastante para acercar a los chavalitos a los campos de fútbol. Para sacar calidad tenemos que tener cantidad y de ahí viene luego la calidad. En mi época salían muchísimos jugadores, había talento, casi la mitad de los futbolistas que llegaban al primer equipo del Deportivo eran de la casa. Y, aunque no fuesen de la ciudad o de los alrededores, eran de Ourense o de otros sitios de Galicia. Sé que para el fútbol de hoy serían muchos, pero me queda pena de que no surja alguno más.